Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos autores.


Navidad, noche buena e incluso a?o nuevo son fechas tan especiales que incluso superan los cumplea?os y el día de san Valentín. En estos días, el ambiente es diferente, dando como resultado a la nostalgia y la felicidad misma. Los copos de nieve viajan de casa en casa, repartiendo alegría para aquellos que están dispuesta a recibirla.

En Japón, esta festividad tiene la peculiaridad de ser extremadamente popular y extravagante. Las calles se ti?en de incandescentes colores iguales al arcoíris; incluso el árbol más simple está decorado con esferas doradas o rojas y unas luces rodeándolos. Las decoraciones son exquisitas a la vista, yendo desde un arco del triunfo iluminado por ángeles; figuras alusivas a la fecha colocadas en los edificios; hasta el piso brillaba cual pasarela de modas.

Cuando era ni?a, en aquel pueblo perdido de Ucrania, la navidad siempre ha sido un festejo propio del 7 de enero, no el 25 de diciembre como en la mayoría de los países. La razón de este drástico cambio de fechas y que incluso se sienta más propio el a?o nuevo, es gracias a las iglesias poco ortodoxas del país. Las personas nacidas en Europa Oriental, no sabemos festejar como el resto. Todo está lleno religión y tradición, que, si bien hay personas que no la siguen, la mayoría nos vimos u obligados o gustosos a hacer cada rigen que la iglesia nos impuso antes de la revolución rusa y que aún prevalecen en estos tiempos.

Mi yo de antes nunca hubiera so?ado con estar en otro país viendo las maravillas de una festividad ajena y fabulosa como lo es la navidad. Esos días comiendo Kutya y viendo por la ventana hasta que madre llegara de trabajar eran… Solitarios, pero a la vez felices, madre no estaba siempre en esas fechas, pero tenía a Serena que me ayudaba en la cocina aun a su corta edad. Nos sonreíamos y cocinábamos lo mejor que pudiéramos; incluso nos quedábamos hasta tarde despiertas para esperar a nuestra madre y comer junto con ella. Tristemente solo una vez comimos con ella, pues la edad nos traiciono y terminábamos rendidas en el sofá después de un largo día en la cocina.

Ahora esa soledad se había alejado dando la entrada a días felices. Mi peque?a familia había crecido cuando por cuestiones de trabajo de mi madre cuando nos trajo a Japón y adopto a dos peque?as ni?as que se volverían mis adoradas hermanas menores junto con Serena. A mis ocho a?os cuide de Serena que en ese entonces tenía seis a?os mientras que las nuevas dos integrantes apenas tenían dos a?os de edad, pero aun así eran inseparables.

Y no solo por aquel acontecimiento mis días se volvieron muchísimo más… ?Interesantes? Creo que ese sería la palabra correcta para la mara?a de cosas que he llegado a hacer este a?o en mi nuevo trabajo de ni?era o más bien, nana.

- ?Hibiki-chan, ven aquí! -grito eufórica una jovencita rubia de ojos verdes que perseguía a una ni?a ojiambar aún más hiperactiva que ella- ?Solo quiero ponerte este lindo vestidito!

- ?Nunca lo harás, Kirika-chan! -contesto la infante que corría como loca por los pasillos del centro comercial.

Con un pesado suspiro, observe a esos dos demonios de Tasmania seguirse por el centro comercial como si no les importara las advertencias del personal de seguridad del mismo.

- ?Kirika, Hibiki, no corran! -les grite en respuesta a la mirada fúrica de una guardia de seguridad de largo cabello azulado y ojos marrones.

- Es inútil María, ya sabes cómo son -comento la jovencita pelinegra que se encontraba al lado mío- esas dos juntas son básicamente la destrucción de la humanidad.

Observe a mi derecha y aquella ojirosa de coletas negras suspiraba al ver a esas dos saltando como si no hubiera un ma?ana. Tsukuyomi Shirabe era el nombre de esa joven de 18 a?os de edad. Ella al igual que yo conocía a la rubia y sus alcances cuando encontraba a alguien lo suficientemente loca para seguirle el ritmo, no por algo era su "hermana" Akatsuki Kirika.

- ?Alguna idea? -le pregunte a Shirabe que solo se encogió de los hombros- Nos van a correr del centro comercial por culpa de esas dos.

- Creo que podría ser peor -agrego la ojirosa al se?alar con su dedo índice hacia adelante- ?no se supone que ella es la que debería de dar el ejemplo?

- ?Qué? -mi vista se fue hacia donde su dedo se?alaba y quede boquiabierta con lo que visualice.

Con Kirika y Hibiki se encontraba Kanade que en vez de rega?arlas y decirles que no corrieran como si sus vidas dependieran de eso, la se?orita Amou corrió junto con ellas a cal y canto con una enorme carcajada que hizo que la guardia también las siguiera.

- ?Por qué estas cosas solo me pasan a mí? -negué decepcionada con la cabeza- se supone que solo vendríamos al centro comercial a recoger unos encargos no a que a ellas las metieran a la cárcel.

Se supone que solo iríamos al centro comercial a comprar por unos pendientes de Kanade, era simple, entrada por salida, aunque otras tres personitas se habían unido a nuestra incursión. A unas horas de la tan famosa cena navide?a, mi intención era arreglar la casa para las visitas y preparar la ropa de las ni?as para esa ocasión; Pero no había previsto que traer a una ni?a hiperactiva, una joven universitaria con mentalidad de perro travieso y una adulta con alma de ni?a, nos haría perder tanto tiempo valioso.

- Esa Kanade… Solo vinimos aquí por ella y ahora juega con las ni?as, ?Qué se supone que debo de hacer en estos momentos? -al suspirar negué con la cabeza en busca de que alguna divinidad viniera a salvar el día.

- ?Ahora es cuando desearías intercambiar con Tsubasa-sensei y terminar con la cena de navidad? -la pelinegra alzo la ceja, indagando en mi contestación futura.

Lo pensé y en definitiva no pude más que negar rápidamente con la cabeza. Es preferible mil veces ir a sacar de la cárcel a esas dos que estar con Serena en la cocina preparando la comida. Cuando éramos ni?as, yo era la que dirigía la cocina y todo lo que tuviera que ver con ella; pero cuando Serena creció, se volvió demandante a la hora de cocinar, al punto de que le llegamos a apodar "comandante".

- No cambiaria esto. Aunque siento pena por Tsubasa-san y por Chris que se quedaron con la comandante -al momento de decir eso, sentí un terrible escalofrío en la columna vertebral de solo imaginar a Serena gritando como loca por alguien que osara no revolver bien o limpiar lo que pidió.

- ?Así que "Tsubasa-san"? ?No "Se?orita Kazanari"? -con una leve risita, Shirabe dio un paso hacia adelante.

- ?Disculpa? -pregunte sin entender por qué se su traviesa acción.

- Es solo que me parece extra?o que ahora la llames sin ser tan formal con ella -otra risita acompa?o la sonrisa liviana de sus labios- ?será que mi querida María está ablandando su corazón? -ladeo su cabeza, dejando sus cabellos azabaches caer. Parecía un peque?o angelito apunto de hacer una travesura.

- ?E-Eh? -tragué saliva ante esa inesperada pregunta- n-no pasó nada -desvié la mirada en busca de algo para despistarla. Incluso el color de mis mejillas ya se había hecho presente sin poder controlarlo.

- ?Ah? ?Así que si paso algo? -pregunto insistente la menor.

- ?D-Desde cuando eres así? -al verla de reojo y el cómo se acercó a mí, rehuí la mirada aun con ese sonoro color carmesí pintándolas.

Yo… Debo admitir que el día en el que Kazanari… Digo, Tsubasa-san me pidió que habláramos en el balcón, fue muy insistente en el que rompiéramos esa "barrera de formalidad" por el bien de las ni?as. Aunque, esa manera tan sutil de pedirlo, esos ojos amatistas que brillaban con la luna menguante de aquella noche de hace unos días, aun me sigue sacando varios escalofríos y unas cuantas sonrisas tontas.

- No es necesario dar explicaciones –tras reír sutilmente, Shirabe aplaudió y eso me desconcertó- por más que quiera cuestionarte un poco más, creo que deberíamos detener a esas tres antes de que los guardias nos corran de aquí.

- ?C-Como? –titubeando mire a mis alrededores en una búsqueda de esas tres.

Mi corazón resonaba en una desincronizada melodía con el recuerdo de hace unos meses; pero debía concentrarme en encontrar a esas tres, solo tomando aire y soltándolo pausadamente logre atenuar esas radiantes emociones.

Tarde unos minutos en encontrarlas por lo inmenso que es el centro comercial; pero la suerte jugo a mi favor o algo parecido, puesto que vi a Kirika y a Kanade corriendo hacia mi dirección e incluso nos rebasaron a Shirabe y a mí, dejando ver a dos guardias de seguridad muy enojados persiguiéndolas.

- Dioses, ?Qué se supone que hicieron ahora? -bufe tras negar con la cabeza, ya no había ni una sola pizca de aquellos cálidos sentimientos por ese recuerdo, ahora solo quedaba decepción y fastidio al ver esas situación- No puedo creer que esas dos sean tan irresponsables -negué rápidamente cuando las vi correr en su escape- Espera… Falta algo -agudice mi vista y note que en efecto, faltaba una peque?a desastrosa- ??Donde esta Hibiki!? -mire hacia todos los lados posibles en busca de la peque?a que se supone que tenía que cuidar- ?Hibiki, Hibiki! -grite su nombre alto, lo más fuerte que mis pulmones me permitían.

- ?Te refieres a la ni?a que está arriba del árbol navide?o apunto de agarrar la estrella? -apunto Shirabe al gran árbol con una voz estoica.

- ?Qué? -dirigí mi mirada hacia donde decía la pelinegra y para mi mala suerte, si era la ni?a que estaba buscando- ?HIBIKI! ??QUE HACES AH?!? -solté un fuerte grito sin esperanzas. Sabía que no lo escucharía y que tendría que buscar ayuda.

Lo peor del caso es que la ni?a estaba sonriendo de cal en canto, no parecía importarle que su vida corriera peligro. Ella trepaba cual chanco por las ramas del árbol que se tambaleaba con cada subida.

Sali como alma que lleva el diablo en búsqueda de alguien que me ayudara, no importa quien, solo necesito que saque a la ojiambar de ese peligro y muerte que llaman árbol de navidad.

Aun cuando estas son fechas de felicidad y alegría, cualquier tipo de cosas terminan pasando; van a meter a la cárcel a Kirika y a Kanade por no sé qué tonterías hicieron, y si no salvaba a Hibiki esta podría… Dios, ni decirlo quiero. Ya tengo suficiente con que mi corazón bombee a mil por hora al pensar en las catastróficas posibilidades.

Ahora no suena tan mal la idea de ayudar a Serena con la comida. Debí dejar que Tsubasa-san se encargara de las ni?as, así no tendría que lidiar con esto.


-Casa Kazanari-

POV Tsubasa

- ?Que no revuelvas los malditos huevos! -vocifero una peque?a y mandona comandante.

Como Sakimori, he entrenado toda mi vida para enfrentar los retos más grandes y fuertes que la vida me impusiera. Incluso llegue a vencer rivales que triplicaban mi persona con estrategia. Pero, la vida en un dojo o incluso si eres escritora, no te prepara para ver a una 1.48 centímetros te grite porque eres una persona inútil en la cocina y peor aún: que aceptes la cruel realidad.

Serena, la hermana menor de María es un completo demonio en la cocina, nadie me aviso que ella seria así de cruel. Aunque ahora entiendo porque Kanade, Akatsuki, Tsukuyomi y María salieron corriendo cuando la bajita les pidió quedarse a cocinar con ella.

La Cadenzavna solo dirigía sus gritos a mí, mientras que a Chris solo le acariciaba la cabeza y le pedía que decorara un pastel como más le gustara. Se que a la albina no le puede gritar porque es menor de edad… ?Pero tampoco debe de gritarme a mí! Soy nueva en la cocina, por algo mis hijas no consumían lo que les cocinaba ?soy terrible en esto!

Si comparamos a ambas hermanas Cadenzavna, entendemos las diferencias entre cada una y no solo las físicas; María es paciente al momento de ense?arte a cocinar, bajo su tutela no he quemado la comida, no sabe buena, pero no la queme; mientras que con Serena es un miedo constante de que te aviente un sartén caliente a la cara o te use como aderezo a la ensalada. Por fuera, María da la impresión de ser una mujer dura y Serena de ser la dulce hermanita menor afligida; ?Pero no! Todo es al revés, la malvada es la peque?a y la buena es la alta.

- Serena-san, ?está bien que solo decore el pastel? -pregunto Chris con cierta inocencia. Veía como la menor de las Cadenzavna era cruel conmigo y no quería meterse en los mismos problemas que yo.

- No te preocupes, Chris-chan -con una sonrisa compresiva y diferente a la asesina que me había dado hace unos minutos, la aludida acaricio la cabeza de la menor con cari?o- eres muy buena decorando pasteles, así que quiero que hoy seas mi linda y adorable pastelera~

Con esas palabras, su reacción natural fue sonrojarse estrepitosamente- N-No es que realmente quiera hacerlo -titubeando dirigió su vista hacia el pastel que ya tenía unas cuantas guirnaldas descuidadas.

Al verla animada, a su peculiar manera de ser, con esas peque?as y rechonchas mejillas sonrojadas y siendo ella tímida, no pude evitar sonreír enternecida por esa actitud.

Así es Chris, una linda y adorable tsundere. Cuando crezca, debo admitirlo, tengo un poco de miedo por lo que pueda llegar a pasar por esa actitud, pero confió en que sabrá lidiar con ello.

- ?Así que el fracaso te hace sonreír, Kazanari? -la voz fría y tétrica de la comandante me hizo inmediatamente sentir escalofríos tan grandes que me sacudieron al instante- ?eh?

- N-No, para nada -negué velozmente con la cabeza y puse toda mi energía en revolver las claras de los huevos.

- Si serás… -con un fuerte gru?ido, retiro estrepitosamente el bol y el batidor- ?En que se supone que eres buena? -pregunto fastidiada por mi mal trabajo.

?Dónde quedo la adorable Serena que cuidaba de mis hijas y no me gritaba? Esa se?orita educada de la cual se enamoró Kanade y de la que no deja de hablar.

- Yo… -siendo mayor que ella, sentí miedo por esos ojos cian que se oscurecían con cada una de mis palabras- s-soy buena cortando cosas, ?creo? -al gru?ir, jadee asustada- S-Soy buena, ?lo juro!

Con un suspiro cansado, dejo el bol y el batidor en la esquina de la mesa y negó con la cabeza- Bien -se dio la media vuelta, despectiva y tras tomar entre sus manos una tabla para picar y la coloco enfrente de mi- pica las verduras -en mis manos dejo un cuchillo- termina rápido, que esta cena debe de estar antes de que lleguen, ?entendiste? -despectiva, se dio la media vuelta para continuar su labor en la estufa.

- "Tengo miedo… Aunque al menos esto es algo que puedo controlar" -moví un poco el mango del cuchillo y vi las verduras que caerían en su yugo- "Recuerda Tsubasa, tienes el plan el día de hoy, así que esfuérzate" -al suspirar, mis energías se habían renovado con esa misión en mente.

Hoy era el día, nuestro objetivo sería cumplido sí o sí.


-Centro comercial-

Si la vida es para los valientes, también tiene un espacio reducido para aquellos tontos que son tanto valientes como descuidados. En ese espacio particular va un trio que tiene fascinación por el desastre.

- ?Usted es familiar de las jovencitas? -cuestiono la guardia peliazul del centro comercial. Su mirada seria e imponente haría temblar hasta el adulto más valiente.

Alce la ceja en dirección a las dos "jovencitas" que me veían con suplica de sacarlas de ahí. De esa peque?a prisión que solo tenían los centros comerciales.

Afortunadamente no llamaran a la policía luego que a esas dos ocurrentes tuvieran la brillante idea de robarse la ropa de Santa Claus y decirles a los ni?os que este no llegaría a sus casas porque se iba a morir… Pobres ni?os traumados por esas dos bestias.

Con un suspiro intente calmar mis negativas emociones para no terminar de arrojarles la bolsa de mano que portaba- Soy la tutora de la joven rubia y cu?ada de la "adulta" -hable lo más parecido a una persona tranquila, aunque por dentro de verdad quería que les dieran su merecido.

- ?Entiende la situación que acaba de pasar? -cuestiono la guardia cuando se cruzó de brazos y esos ojos marrones me miraban con severidad- entiendo que no pueda persuadir a la grande a no hacer… -suspiro antes de hablar, al igual que yo, ella también se estaba conteniendo- un desastre aquí. Pero mínimo esperaría que tuviera cuidado con la jovencita.

- Entiendo la situación oficial, creame que no pensé que harían semejante escandalo -refunfu?e cuando las miradas de las acusadas y la mía se encontraron- le aseguro que esto no volverá a pasar, fue solo un descuido de mi parte -trate de calmar a la peliazul que no parecía querer ceder en mis suplicas- no volverá a pasar, pero por favor, déjeme llevarlas a casa. Es la cena de navidad y deben de estar con sus familias.

- ?Sabe a quién le arruinaron la navidad? A unos inocentes ni?os que solo querían ver a Santa Claus para llegar con ilusión a sus casas antes de la gran noche -dijo de forma severa- Oh y anexando a su experiencia del día de hoy. Dejo que una menor de edad subiera hasta el árbol con el riesgo de que pudiera fallecer.

- "No tiene por qué recordármelo…" -con un suspiro negué suavemente con la cabeza.

Nunca me había asustado tanto así en mi vida, ni siquiera cuando por poco perdí mi pasaporte en el aeropuerto y pensaron que era una delincuente internacional.

Mi corazón iba a mil por hora mientas a Hibiki parecía valerle poco mis preocupaciones. Ella era feliz trepando cual mono por ese arriesgado árbol. Por fortuna vinieron los bomberos a sacarla de ahí, y en cuanto bajo del árbol la abrace como si no hubiera un ma?ana. La iba a castigar ya censándolo con Tsubasa-san; pero solo por ese momento en el que mi corazón casi se salía de mi pecho, quería asegurarme que no era un sue?o y que de verdad estaba viva en mis brazos.

Era un momento bello, un reencuentro como el de una película navide?a. Seria todo perfecto si no hubieran voceado mi nombre para responder por dos alborotadoras del centro comercial.

Solo con el fin de que Hibiki no estuviera en otra aventura, la deje con Shirabe que sabrá tratarla y de paso harán los pendientes que Kanade había mencionado. Ha vivido con Kirika básicamente toda su vida, así que creo que podrá cuidar a Hibiki por unas horas.

- ?Qué me responderá? -la voz dura y fría de la guardia se hizo resonar por la habitación.

- Yo… -con un suave carraspeo incline mi cuerpo en signo de disculpa- lo lamento, no tengo excusas para no haber cumplido mi objetivo. Pido perdón por esta vez, puede expulsarnos del centro comercial, no volveremos a causar un alboroto de esa magnitud, solo permítanos retirarnos. Hay… -tome aire en un intento de calmarme- hay personas que nos están esperando y no queremos defraudarlas.

La habitación, con las presas detrás de su reja, se había vuelto silenciosa. Era la tensión aquella que gobernaba esa fría habitación e incluso la misma se podía cortar con un cuchillo cual mantequilla.

Suspirando, la peliazul empezó a hablar -eso sigue sin ser una excusa. Como guardia de este centro comercial, he jurado proteger a cada uno de sus visitantes, así que no puedo… -ese severo parlamento fue detenido por una figura de pelirroja melena corta que entro por la puerta como si fuera algo natural para ella.

- Es hora de irnos -dijo aquella figura. Sus felinos ojos amatistas manifestaban la autoridad con la que dirigía a la joven de ojos marrones- Umi, tengo reservaciones para el espectáculo de navidad y no lo vamos a perder porque les quieres romper la ilusión a algunos visitantes -declaro y la aludida se estremeció.

- Maki, por favor, no me digas esas cosas enfrente de los demás -carraspeo. La peliazul tenía las mejillas tenuemente sonrojadas- estoy trabajando y debo solucionar este problema.

- El problema es que tú eres demasiado exigente -casi en un gru?ido, la recién llegada se posiciono enfrente de mi- resolveré esto por ti. ?Volverán a hacer lo que sea que hayan hecho?

- Eh… ?No? -di una suave contestación a su divagada pregunta.

- Si lo hacen las va a meter a la cárcel, ?entendido? -se?alo con el pulgar a la guardia y solo suspiro pesadamente.

- ?Esta bien?

- Bien listo -sin preámbulos, se dio la media vuelta para tomar la mano de la peliazul y casi arrastrarla hasta la puerta- vámonos, que no voy a llegar tarde a la presentación de Santa-san.

- "?Santa… -san?"

Pensaba que los ni?os eran los únicos en decirle así a Santa Claus… Ahora resulta que una adulta de casi mi edad también lo dice e incluso parece decirlo con bastante ilusión a mi parecer.

- P-Pero Maki -la antes recia guardia había quedado atrás cuando la pelirroja la seguía empujando hacia la puerta- me quitas autoridad…

- Tu autoridad te la voy a meter en un golpe en la cabeza si no llegamos temprano -mascullo con bastante fuerza.

La escena cómica de una guardia de seguridad siendo arrastrada por una visita inesperada fue corta, aunque la peliazul parecía poner resistencia esta no era suficiente para ganarle a la recién llegada que termino ganando y se la llevo.

- Supongo que eso será todo -fruncí levemente el ce?o. No era lo que esperaba, pero estaba satisfecha -vámonos -le dije a las dos alborotadoras que saltaron contentas de su asiento.

- Espera… -comenzó a hablar Kanade- ?se llevó la llave de la celda! ?Cómo vamos a salir si no tenemos la llave?

- ?Peligro dess! ?Hay mucho peligro si nos quedamos aquí! ?Después quién se va a comer el pavo dess? ?quiero mi pavo! -grito con pánico la Akatsuki.

Debo admitir, que un lado un tanto cruel salió de mi cuando las vi quejarse e incluso rezar para que llegara la guardia con la llave. Era divertido ver como esas dos, que habían causado este problema, ahora rezaban por su vida: divino karma. De no ser que estábamos en fiestas navide?as, las hubiera dejado pasar la noche ahí y no las sacaría hasta el día siguiente o hasta que se dieran cuenta lo tontas que comenzaban a ser por no ser observadoras.

- Si que son despistadas –al dar unos pasos hacia adelante, alcancé su reja y con un suave movimiento de mi mano al tomar la reja, la abrí.

- ?C-Como…? –empezó tartamudeando la Amou.

- ?Lo hiciste… dess? –termino la frase la Akatsuki.

- La reja ni siquiera tiene cerrojo –hable con simpleza- hoy las salve, espero que tengan una buena excusa para haber hecho todo ese desastre.

Ambas se observaron y en sus labios apareció una enorme sonrisa- ?Te amamos! –gritaron al unisón y se abalanzaron sobre mí.

Por fortuna el impacto no fue tan fuerte como para hacer que cayéramos al piso, pero si fue suficiente para sentirse asfixiante.

Sonreían tontamente, parecían felices de que había acudido a su rescate. Si bien, les debería de dar catedra por la sartada de estupideces que hicieron, solo por la importante fecha del día de hoy, suprimiré el rega?o para el próximo día.

- ?Yo también quiero un abrazo! –aquel grito enérgico era de una ni?a que hace solo una hora se había subido al árbol. Hibiki abrazo a Kirika y esta apretó su agarre conmigo como si intentara transmitir los sentimientos de la menor hacia mí.

- ?Cómo es que entraron? –le pregunte a la ojiambar y esta me ignoro por completo- ?Y Shirabe? –observe a mi alrededor y vi el cómo entraba la pelinegra por la puerta con una mirada un tanto estoica.

- ?Por qué la puerta está abierta? –alzo la ceja en duda y dio unos pasos hacia adelante- ?Dónde está la guardia?

- Solucionando un problema de faldas –tras decir aquello, la confusión en la pelinegra, aumento tenuemente- no es necesario, ?Por qué están aquí?

- Veníamos a ver si ya las habían liberado y Hibiki se dio cuenta que la puerta estaba abierta, y ya vez que sucedió –dijo con una leve sonrisa al ver a la ni?a abrazada de su rubia favorita.

- Entiendo –con un suspiro, decidí liberarme de ese abrazo- vamos, suéltenme –mis palabras fueron tomadas por ellas con una enorme negación de su cabeza.

- Eres muy suave, María –comento la rubia con una voz tierna, como si fuera una ni?a.

- Y cálida. Eso significa que es de los Cadenzavna ser así –Kanade que, por ser casi de mi misma altura, restregó su mejilla contra la mía cual gatito.

Suspiré y en un intento de liberarme, me sacudí un poco, pero ellas no cedieron en su agarre.

- Bien, si ustedes no me hacen caso… -con carraspeo, utilice mi mejor estrategia- si no me sueltan, le diré a Serena que estabas viendo de manera lasciva a la pelirroja que entro –observe a la Amou y esta tembló de miedo.

No es por asustar, pero Serena es algo posesiva con su novia. Con decir que una vez, cuando comenzaron a salir, se enojó Kanade por prestarme un labial. La pobre salió con la cola entre las patas de tantos gritos que le dio mi hermana.

- Para ti, Kirika. Suéltame o le diré a mamá que reprobaste una materia en la universidad y que por poco atrasas un semestre, de nuevo –imitando la acción de la pelirroja, la rubia tembló porque sabía que al mencionarle eso a nuestra madre, el fin para ella seria inminente.

- Hibiki, a Santa-san no le gustan las ni?as que no hacen caso y recuerda que tu no has hecho motivos para que te traigan algo –sus peque?os ojos ambarinos se expandieron del miedo por mis palabras.

Las tres me soltaron, por fin era libre y gozaba en secreto de esas caras de susto. No me hace malvada apreciar esas caras, solo me hace… Saber que me divierto con la justicia poética.

- Sera mejor irnos si no quieren que su situación empeore –orgullosa de mi misma, me di la media vuelta para comenzar a retirarnos- ?uh? –me detuve en mi andar cuando una peque?a figura tiro de mi chaqueta- ?Qué sucede, Hibiki? –al bajar la mirada, vislumbre a la ojiambar preocupada.

- Yo… -si bien, sabía que decirle lo de Santa la haría temblar de miedo, no preví que se pondría tan nerviosa- María-san, yo…

Es curioso y extra?o ver a una ni?a que normalmente es alegre, así de preocupada. Cuando Hibiki hace algo malo y la rega?o, solo dura arrepentida unos pocos segundos antes de otro asalto de fechorías; pero siempre está sonriendo en cada una de ellas.

- Hibiki ?en verdad piensas que Santa no te va a traer nada solo por eso? –hable de forma amigable cuando me incline hacia ella y puse mi mano sobre su hombro- has sido una buena ni?a este a?o, de seguro te va a traer algo.

- E-Es que no es por eso que estoy preocupada… -alce la ceja sin entender sus palabras- es que también "tome prestado" estos chicles…

- ?Cómo? –pesta?e un poco y mire a la pelinegra que también parecía confusa- ?Qué hizo qué?

- Solo la descuide dos minutos –Dijo Shirabe con total inocencia. Se veía incluso más confundida que yo.

- Ay dios –me incorpore y tome a la menor en mis brazos- Vámonos… -camine con ella hasta la salida, sin importar las caras de duda que dejaba por detrás.

- Pero… -ni la tierna voz de Hibiki haría que me detuviera.

- Nada de peros- mi andar se volvió más veloz- ustedes solo corran, no miren atrás y salgan corriendo por sus vidas –fue lo que les dije a esas tres que me seguían confundidas y en cuando dije aquello, su velocidad aumento junto con la mía.

Desde ese día en adelante, no volveríamos a ese centro comercial, aunque nuestra vida dependiera de ello.


POV Normal

Casa Kazanari.

- ?Ya llegué! –grito Hibiki que básicamente pateo la puerta de su casa para entrar, haciendo un gran escándalo.

- ?No hagas tanto ruido, idiota! –en su llegada la abordo una ni?a albina que al ver a su hermana mayor le propino un golpe en la cabeza- ?Qué es eso? –pregunto al ver como la recién golpeaba abría la palma de su mano, ense?ando unos paquetes peque?os de color rojizo.

- Son chicles, ?quieres? –le ofreció sonriendo, incluso con su mano izquierda acariciando su cabeza- me recordaron a tus ojos, así que los tome sin pensarlo –rio risue?a.

- N-No digas estupideces, i-idiota –musito Chris que se encontraba apenada por el comentario de su hermana mayor.

- Eso sigue sin ser justificación para tomar las cosas que no te perteneces, Hibiki –argumento María.

- ?Qué paso aquí? –la voz cuestionadora era de Kazanari Tsubasa que intercepto al grupo que recién llegaba a la casa.

- Nada, nada~ -intervino Kanade que agarro a Hibiki y le tapó la boca, sabiendo que, si observaba los ojos índigos de Tsubasa, esta diría toda la verdad.

- Algo en esa acción me parece sospechosa –dijo la Kazanari al cruzarse de brazos- confiese, ?Qué fue lo que hicieron hoy? –su voz delataba que no esperaba otra cosa que no fuera que la verdad.

Con la mirada intimidante de la Kazanari, las cuatro recién llegadas se miraron, sabían que debían tener una excusa muy buena o algo que las salvara. A ciencia cierta sabían que tan insistente y atemorizante podía llegar a ser Kazanari Tsubasa cuando se trataba de sus hijas.

Cuando la situación ameritaba que el héroe fuera María o Kanade, de las sombras un nuevo protector salió a defender a sus compa?eras.

- Tsubasa-sensei –Shirabe dio un paso hacia el frente- yo… -Se vio temerosa, incluso bajo la mirada para evitar esos perspicaces ojos.

- Habla claro, Tsukuyomi.

- A mi… -la joven pelinegra vio por última vez a sus compa?eras, sabía que era la última vez que las vería- me gusta crepúsculo y cincuenta sombras de Gray –musito temerosa a la reacción de la mayor.

- … ?Qué? –fue lo que alcanzo a decir la peliazul sin darle crédito a lo que escuchaba- dilo… Dilo de nuevo.

- Me gusta… -aclaro su garganta y en un suspiro se animó a hablar- M-Me gusta Crepúsculo y Cincuenta sombras de Gray.

- No es posible… -la mirada de la peliazul se ensombreció- te falle, Tsukuyomi –con un paso hacia adelante, coloco su mano sobre el hombro de la jovencita- como tu mentora, permití que te desviaras del camino de la espada –con un apretón a su agarre, la menor levanto la mirada por inercia- ven conmigo, te salvare de ese camino de lectura basura y personajes si desarrollo.

Sin esperar más, Tsubasa se llevó a rastras a la pelinegra que solo deseaba que su mentora no fuera a ponerse muy exigente y la pusiera a analizar literatura por tres noches y tres días seguidos.

En su partida, esas dos figuras comenzaron a hacerse peque?as, Kirika, Kanade y Hibiki despedían a su gran heroína con un saludo marcial. Ella siempre estaría en sus memorias, como su gran protectora.

- ?Qué se supone que haces? –inquirió Chris a su hermana.

- Solo despido a una grande, una que se fue con honor –con lágrimas falsas de cocodrilo, Hibiki baja su mano y toma las de su hermana - Chris-chan. Necesito tu opinión -la voz de Hibiki se había vuelto un tanto seria.

- ?Q-Que es? -pregunto curiosa y confundida la albina que no entendia la actitud de su hermana.

- ?Pechos o regazo? -lanzo su cuestionamiento sin tregua alguna.

A Chris le tomo solo unos segundos entender el porque la pregunta y aun así su contestación no ayudo mucho - ?Qué?

- Quiero saber tu opinión -Con cuidado, puso su mano sobre el hombro de su hermana- Yo prefiero los pechos, ?Qué tal tu?

- N-No lo sé… Yo…

- Se que prefieres los regazos -dijo perspicaz la ojiambar- siempre te recuestas en el de mamá Tsubasa. Anda, solo confirmalo, quiero tener una batalla épica sobre esto.

- N-No… -la peque?a carraspeo, apenada por aquella pregunta- bueno…. Tal vez si me gusten más los regazos…

- ?Ja, lo sabía! -grito triunfal- Así que, aquí es donde empieza una batalla épica. ?Equipo pechos contra equipo regazo!

- ?C-Como Porque haríamos eso?

- ?Pues porque yo lo digo!

- Y yo me opongo -intervino María con una voz un tanto fuerte para llamarles la atención- no sé qué sea esa pelea, pero no van a discutir por una tontería.

Las dos ni?as se miraron y luego a la pelirrosa que las había interrumpido, con un asentimiento, las ni?as se estrecharon las manos con una enorme sonrisa.

- ?Equipo María! -gritaron a unisón, acompa?ando aquel acto con una risita infantil.

- ?De que se ríen? -inquirió la ojiazul sin entender el porque de la actitud de las ni?as.

De pies a cabeza María Cadenzavna Eve, era la mujer que cumplía perfectamente con los atributos por los que futuramente. Mientras María estuviera de su lado, no tendrían por qué pelear nunca más.

- No es nada, solo decidimos a que equipo pertenecer- dijo Hibiki que tiro de la mano de su hermana- Resuelto el asunto, ?vamos a comer? ?Tengo hambre!

- ?Ah? ?Por qué estas cambiando tan rápido de actitud…? ?Espera, no! –su grito desesperado fue el resultado de que Hibiki tirara de ella para dirigirse a la cocina- de seguro tía Serena hizo algo super delicioso, ?a que sí?

- Ni?as, no vayan, es peligroso- dijo la pelirroja que las siguió por detrás ciertamente nerviosa por lo feroz que podía ser su novia cuando se trataba de cocinar.

María al ver esto, no pudo evitar suspirar y dirigir su mirada a la rubia- ?Tu que harás?

- Iré a ver que cocino Serena –dijo con una sonrisa nerviosa- prefiero verla a ella enojada que ver como torturan a Shirabe.

- ?Dónde quedo la Kirika que defendía a capa y espada a su Shirabe? –alzo la ceja en duda la pelirrosa y la ojiverde únicamente rio livianamente.

- Creeme, es mejor no meterse con las tareas que Tsubasa-sensei le pone a Shirabe. La ultima tarea que le dio, la puso tan irritable que me saco del apartamento a punta de patadas –con esa risita camino directo a la cocina.

- Es su fin –musito María- Mientras Serena se encarga de ellas, será mejor que me arregle –con una vista al reloj de pared, noto que ya casi era hora de la cena- tengo poco tiempo para cambiarme de ropa y pintarme.

A sabiendas de que el monstruo casta?o haría un escándalo porque había más de tres personas en su cocina, se retiró a sus aposentos a prepararse.


-Momentos después-

?Cómo sería una cena navide?a sin un poco de diversión? Serian básicamente personas viéndose la cara o usando el celular. La trama, el chisme, las risas, son las que hacen que una cena familiar sea interesante; aun pese a las luchas por territorio.

En esta peculiar cena navide?a, existían sus extra?as familiares. Por un lado, estaba Kanade que intentaba calmar a su novia que, en un intento de sacar su estrés, comenzó a cortar o más bien a destruir el pavo restante porque unas personitas no se habían acabado sus platillos; Chris y Hibiki que discutían, una era pasiva ante los insultos y la otra solo se sonrojaba cuando recibía un comentario que para ella era indecente.

Tras la cena, como dictaba la tradición de los fallecidos padres de Chris y Hibiki, la navidad se festejaba con peque?os actos elaborados por cada integrante. El día de hoy, 25 de diciembre los actos no faltaron en la noche; Kanade intento tocar una melodía navide?a, pero la se?orita Amou toco tan mal que la Kazanari tuvo que quitarle la guitarra y retener sus impulsos de romperle el instrumento de la guitarra; Shirabe y Kirika, siendo nuevas en esta tradición familiar, hicieron un acto de comedia que radicaba con la Akatsuki cubierta de crema batida y la Tsukuyomi debía hacer chistes referentes a eso, pero como la pelinegra se encontraba castigada y solo podía salir a cenar o cuando terminara su tarea, el acto lo tuvo que hacer la rubia y fue todo menos gracioso. Solo quedaban Chris y Hibiki, que tenían que preparar su acto, pero la ojiambar ya había comenzado a perseguir a su hermana menor con un palo que tenía muérdago en la parte superior.

- ?Dónde está Kirika? –interrogo la mujer de cabello rosado a la due?a de la casa que tomaba tranquilamente su té, sentada en el sofá junto con ella.

- ?Akatsuki? –la Cadenzavna asintió- se quedó al lado de Tsukuyomi. Le pedí que no la molestara; pero me prometió que no interferiría con el castigo de Tsukuyomi –dijo solemne la Sakimori- aun no puedo creer que mi aprendiz tenga esos gustos tan horribles –con un suspiro, tomo de su taza de té para aplacar esos negativos sentimientos.

- No es tan grave el problema, es una jovencita, ella no… -las palabras de la ojiverde fueron interrumpidas abruptamente por la Kazanari, que parecía ansiosa.

- No, no y no ?jamás! –con su mano en su pecho, comenzó a jurar- por mi honor, que llevare a Tsukuyomi al camino de la verdad. Ella será una gran escritora, lo será.

- Eh… -de la frente de María salió una gruesa gota de sudor. Si que su jefa podía ser apasionada cuando se lo proponía- sé que lo logrará Tsubasa-san, sé que lo hará.

- Confía en mi María, Tsukuyomi hará cosas grandes. Cuidare de sus sue?os, así como lo hiciste tu –dijo segura, orgullosa y sonriendo.

La aludida pesta?eo un par de veces y un peque?o sonrojo se apareció en sus mejillas cuando razono aquellas palabras.

- ?C-Como?

- Tsukuyomi habla mucho de ti. Del como ayudaste a tu madre a criarla a ella y a sus dos queridas hermanas –la Sakimori dijo enternecida- sabía que eras una persona cari?osa, pero no tan dedicada. ?en verdad un día perseguiste a un ni?o porque le dijo a Tsukuyomi que era adoptada?

- B-Bueno… -con un carraspeo, intento reponerse de la pregunta- era un ni?o muy grosero, hizo llorar a Shirabe, no podía permitir que se saliera con la suya.

- Eso es encantador de tu parte, María –la peliazul no lo diría en voz alta, pero le gustaba verla apenada. Era un deleite solo para ella.

- Y-Yo solo…

- ?Por eso Santa no te va a traer nada! –grito la albina enfrente de su madre y la nana.

- Pues yo no creo en santa, ?yo creo en Ded Moroz! –respondió la ojiambar al cruzarse de brazos con su fiel palo del muérdago.

- ?Qué? ?Quién es ese tipo? –pregunto la ojiazul a María y esta dio un suspiro- ?es malo?

- No para nada, es… ?Cómo decirlo? El santa ruso –dijo con una peque?a sonrisa- le Conte a Hibiki hace unas noches como era la navidad cuando vivía en Ucrania y lo recordó, me hace sentir alagada.

- Eso significa que es una excelente historia o historias –amable, Tsubasa asintió- me gustaría conocer más de ti en ese tiempo, ?algún día me lo contarías?

- ?E-Eh? Pues… Si –dijo un tanto nerviosa.

- ?Solo dame un beso! –grito Hibiki que había acorralado a su hermana contra la pared.

- ?N-Nunca! –contesto avergonzada la albina y que movía su cabeza de lado a lado para que la ojiambar no la atrapara.

- ?Solo un besito! –soltó en un quejido- ?Por qué no eres como Kanade mamá? Ella si le dio un beso a tía Serena y se fueron.

- ?Eso es cierto? –María miro de un lado a otro y en efecto, no encontró a su hermana- enserio… ?No pueden hacer ese tipo de cosas en su casa?

- ?Me lo dices a mí? La última vez las atrape "emocionadas", Kanade casi mete su lengua a la faringe de Serena –la Sakimori negó con la cabeza en un intento de sacar esa imagen mental de ella- fue… Horrible…

- Creo que… Tampoco quiero imaginármela –la Cadenzavna mayor gru?o un poco.

En definitiva, si se imaginaba eso, terminaría tirando de un puente a Kanade sin misericordia alguna.

- ?Ahora ustedes! –soltó alegre Hibiki que coloco el palo arriba de Tsubasa y María- Vamos~

- ?Eh? –la cabeza de María apenas proceso lo que dijo la menor y sus mejillas se ti?eron de rojo intenso- ?P-Por supuesto que no! –sacudió sus manos en una rotunda negación.

- ?Por qué no? –pregunto ingenua- Chris-chan ya me dio un beso, en la mejilla, pero me lo dio. ?Verdad?

A espaldas de la ojiambar, estaba Chris, recargada en la pared con un enorme sonrojo en sus mejillas. Parecía que incluso podía desmayarse en cualquier momento.

- Hibiki –Tsubasa carraspeo y seria mentir si se dijera que ella no estaba levemente sonrojada por lo que su hija quería que hiciera- es inapropiado.

- ?Y luego? –alzo la ceja sin entender- no estoy pidiendo nada extravagante. Solo es un besito y ya.

- Hibiki, un beso… -la pelirrosa tomo aire y logro calmarse un poco- un beso es algo que compartes con una persona que amas.

- Eso lo sé, ?Por qué le habría dado un beso a Chris-chan si no fuera por eso?

- Esa es tu contestación, no puedo besar a Tsubasa-san- por unos segundos, la mayor pensó que había ganado, se reflejaba en sus hombros relajados.

- ?Entonces no quieres a mi mamá? –indago Hibiki al alzar su ceja.

Bien, esa era una buena pregunta. Si bien, la apreciaba como su jefa, no podía decir libremente que le había tomado un cari?o especial en el tiempo que llevaban conociéndose. No, solo no podía afirmarlo, aunque en el fondo de ella misma que estaba confundida con sus sentimientos.

- Bueno… -titubeo la pelirrosa.

- Nos queremos –dijo la Kazanari, ganándose una mirada sorprendida de la nana- es un cari?o profesional y de respeto mutuo –hablo tranquila.

Eso si dolió, que te digan que solo te ven como la empleada, ah, pobre de María.

- Pero eso no significa que no nos apreciemos como amigas –agrego Tsubasa- solo le tiempo dirá cómo evolucionará esta relación. Espero que avance para bien, la verdad lo anhelo.

- Tsubasa-san…

- De ser así –la menor sacudió su vara con el muérdago- solo un besito, por la amistad~

Si que la ni?a no se daría por vencida. A fin de cuentas, hablamos de Hibiki, tiene una voluntad recia para todo menos para la escuela.

- ?Con eso dejaras de molestar? –le pregunto la peliazul a la ni?a y esta asintió divertida- entendido.

María, que escuchaba la conversación desde su asiento, abrió los ojos de par en par. Vio el cómo su jefa se acercaba a ella y por temor cerro sus ojos en espera a lo que seguiría. Era muy pura en ese sentido para darle su primer beso a Tsubasa, si bien no le molestaría, sentía que aún no era el momento.

Con los ojos cerrados sentía en su nariz la fragancia del perfume de la peliazul, lograba sentir el calor que emanaba. Solo le tocaba esperar, esperar a que aquello que sin permiso iba a empezar.

Pero no pasó nada, un minuto y lo único que sintió fue un beso en su mejilla derecha.

- ?Qué fue eso…? –alcanzo a preguntar la Cadenzavna.

- Ella dijo un beso, pero no donde –con una risita, la due?a de la casa miro a su hija- ahora es tu turno, Hibiki.

- ?Si! –la menor se dio la media vuelta y camino hacia su escenario improvisado.

- No te preocupes María, no haría algo con el cual no estás de acuerdo –hablo con calma la ojiazul.

- Eso lo agradezco, pero… -la nana carraspeo- No me hubiera quejado de ser así… -musito solo para ella aquellas prohibidas palabras.

- ?Uhm? ?Qué dijiste, María?

- N-No, nada…

- ?Escuchen todos, vamos a comenzar nuestro acto! –soltó en un gritillo Hibiki que de un momento a otro traía puesto un traje de reno.

- ?Qué es lo que…? –ante la pregunta de María, Tsubasa le sonrió- ?Qué pasa?

- Tu solo escucha y ve –con gracia, miro a sus hijas que ya habían empezado con su obra.

En lo que el acto empezaba, Serena había llegado con Kanade y se habían sentado en el sofá restante. Kirika y Shirabe habían hecho también aparición, aunque la pelinegra parecía más muerta que viva y solo había salido de su cueva por la insistencia de la rubia.

- El día de hoy, hablaremos de la historia de… ?Ded Moroz y las dos ni?as ucranianas! –con ese gritillo agudo, le presto el escenario a su hermana que había arribado en él.

- Y-Yo… Soy el santa ruso y necesito dos ayudantes, ?Serán las hermanas Cadenzavna capaces de ayudarme? –pregunto entre titubeos la albina vestida con un traje rojo de santa Claus.

- ?Eh? –la pelirrosa observo a las ni?as y luego a su hermana que parecía conmovida por tal homenaje.

- Llevare a la puerta de estas ni?as como regalo, dos angelitos –la dicción de Chris no era la mejor e incluso se le dificultaba hablar con claridad, pero se les notaba a leguas las ganas que le estaba poniendo a su papel.

Ambas ni?as comenzaron a cantar una melodía tonta y torpe sobre que la navidad es importante para la familia y de que el amor es lo más grande del mundo. Era una melodía empalagosa e infantil.

La pelirrosa, que no daba crédito a lo que estaba viendo, observo a sus dos hermanas menores y estas sonreían, si bien Shirabe sonreía de forma liviana y débil, sabía que de corazón agradecía el gesto al igual que Kirika que casi estaba llorando y la obra aun no empezaba del todo.

- Es un regalo de parte de las tres –dijo la Kazanari entre murmullos hacia la ojiazul- yo escribí la obra según por lo que me dijo Hibiki y las canciones que vas a escuchar, las compuso Chris- decía con orgullo la mujer de sus hijas.

- ?Por qué…?

- Por todo lo que has hecho por nosotras este a?o –sonriendo, Tsubasa asintió- eres especial, para las ni?as, para todos, para mí –con esas últimas palabras, un leve sonrojo se asomó por sus mejillas- gracias por estar con nosotras este a?o. Por favor, síguenos soportando un poco más, ?sí? –mantuvo esa sonrisa amable y cálida. Ese color rojizo en sus mejillas la hacía ver adorable.

Para María, sus días navide?os en Ucrania, en ese pueblo donde se crio, no eran especiales. Sus familiares iban a rezar los días de la navidad rusa y no hacían nada especial e incluso si llegaban a practicar la navidad común, solo era una cena un poco elegante. No tenía ni esperanza en el que su santa ruso viniera a verla, su mente decía "No va a venir, él debe de estar cuidando a otros ni?os. Yo estoy bien, estoy bien", eran las palabras que se repetía una y otra vez, intentaba creerse su propia mentira. Todo se volvió diferente cuando a su vida llegaron sus hermanas y con el tiempo Kanade que terminaría siendo la novia de su hermana Serena; y por último Chris y Hibiki a las cuales les tenía un enorme cari?o junto con Kazanari Tsubasa, su jefa, la mujer que le dio una oportunidad de seguir trabajando cuando la despidieron.

Tal vez el santa ruso no le traía regalos cuando era una ni?a, pero solo la hacía esperar para darle el mejor regalo que en la vida podría tener; Su familia.

Su familia que había crecido, con la que ahora convivía y sonreía. Se enojaba e incluso tenía que castigar a las más jóvenes cuando fuera necesario. Aunque, así son la familiar, ?Cuál familia es perfecta? Todas lo son, son perfectas para ser imperfectas. Cada miembro se complementa de una o de otra manera.

- "Si que es una obra divertida" –pensó la Cadenzavna cuando de reojo observo a la Kazanari sonriendo ante la obra de sus hijas –"?Por qué…? ?Por qué no deja de latir? –ansiosa, coloco su mano sobre su pecho en un intento de retener esos extra?os sentimientos.

Tsubasa en su ingenuidad, al notar esto, tomo la mano de la nana y le sonrió, sospechando que estaba nostálgica por la recreación de su festividad natal. Aquella acción, provoco que la pelirrosa observada con un tenue sonrojo a las ni?as que ya comenzaban a cantar.

Aun no lo entendía o más bien no quería darse cuenta, pero ese peque?o palpitar de su pecho cuando la miraba, la hacía sentir dichosa y provocaba una sonrisa inocente en sus labios.

Algún día, Ded Moroz le traería su regalo final. La respuesta de ese palpitar.


*Ded Moroz, es el santa ruso.

*Kutya es el plato principal de mesa clásica de Navidad. Kutya se hace tradicionalmente de trigo o de arroz con miel, amapola, nueces y frutas secas. Por otra parte, cada ingrediente tiene su significado simbólico: el trigo es un símbolo de la vida resucitada, miel, la salud y la vida dulce, amapola, un montón en familia. Se considera comúnmente que más nutritiva y sabrosa se kutya, y más sudorosa y más feliz será la vida.

No se imaginan lo difícil que fue terminar este capitulo xD… De primera instancia no sabia si hacerlo, pero hablándolo con Ayrton y quedamos con que seria bueno hacer uno para estas fechas. Este capitulo estaria situado varios capitulos adelante, hagan de cuenta que esto es un super spoiler de lo que se vendra, pero no imaginaba hacer que el tiempo se brincara tanto solo para hacer un especial de navidad y que se perdiera la trama que se venia.

Entre mis platicas con Ayrton, tuvimos nuestra legendaria batalla sobre pechos o regazo. ?Equipo pechos! Originalmente iba a ser mas larga la batalla, pero… Ciertamente María tiene lo mejor de dos mundos xD.

De cierta manera, quería hacer esto 100% comedia, sin dejar una ense?anza o algo parecido a esto. Pero tenia el deseo de manifestar un poco el cari?o que le tienen Hibiki, Chris y Tsubasa a Maria aunque solo fuera por un leve momento.

Ah, espero que hayan tenido una buena cena navide?a, yo no tuve ?Pero! Al menos estuve acostada todo el día xD.

Les deseo una excelente navidad, lo que queda de ella, prospero a?o nuevo. Con suerte y no morimos el próximo a?o y lo que queda de este… Creo que eso ya es un avance.

Sin más que decir: dudas, criticas o alguna cosa por favor no duden en comentarlo. Sus reviews alimentan la creatividad de cualquier escritor, as?que regalen, aunque sea un review a cada historia que lean en sus hermosas vidas.

Nos vemos en la siguiente actualización~ n_n