· Capítulo nueve: Corazón frágil


Con la experiencia se nace o tienes que desarrollarla conforme creces?

Una pregunta que incluso sintiéndose estresado como para analizarla, no pudo evitar preguntarse tan repentinamente. Había escuchado por parte de algunos adultos que la experiencia nunca iba a dejar de presenciarse en la vida del ser vivo, igualando aquella simple palabra entre los animales y el ser humano. Fue difícil hallar una razón que terminara haciéndolo entender, pero esa plática ocurrida dentro del restaurante Rai Rai a pesar de lo eterna que se volvió, agregando los diferentes ejemplos que tomaron de referencia, capturó extraamente toda su atención.

Palabras como trabajo, dinero, despidos, independencia, préstamos, conflictos y más trabajo, no paraban de ser protagonistas en la conversación. Al instante pudo verse fuera del tema mientras intentaba coincidir con el afán de unir todo con la susodicha experiencia, pero más importante, jamás comprendió la curiosidad que tuvo como para escuchar esa plática ajena, plática que, desde un inicio, por más extraa que había sido su influencia, iba a olvidarla justo después.

O no, pues era testigo de la falla que tuvo aquella creencia.

Y es que, sin embargo, en medio del intercambio de comentarios entre aquellos alardeadores ancianos, se vio inquieto y algo desorientado ante lo que para muchos es considerado otra realidad (al parecer), creando entonces su propia duda que hoy en día seguía sin poder responder.

Por segunda ocasión su cerebro trabajaba por sí solo, mas qué relación tenía esa realidad con la experiencia?

E inclusive con ello y las demás preguntas que permanecían rayando cada rincón de su mente, no podía olvidarse del llamado sucedido hacia algunos instantes cuando se encontraba absorto por el miedo y la rendición tras perderla definitivamente.

—Qué… Oye! —de pronto necesitó descansar, estaba harto de su inutilidad. Aun si fuera manchándose las rodillas, no había porqué mantenerse en alto— Maldición, en serio qué te sucede —desconocía el tono de voz usado, mas podía percibir la confusión causada por su actitud, y lo aceptaba.

Porque no hacía más que generar problemas y aproximar a que alguien más lo conciliara ante la destrucción que él mismo formó en sus vidas

Así es, destrucción que también formó en la vida de ella…

—Endou, reacciona —siendo un reflejo instantáneo, Endou parpadeó para seguidamente recobrar sus sentidos un poco tarde, sintiendo primero el tacto con la banca.

Recorrió entonces con su mirada el escenario que tenía enfrente como si quisiera recordar el lugar donde yacía, y lo hizo, mas por la insistente incomodidad de sus sentimientos negativos, lamentablemente.

Había salido a distraerse, no a pensar una y otra vez en lo mismo; a despejarse de lo sucedido con Aki para no estar encerrado en aquel círculo inseguro. No obstante, hace poco se había desconocido a sí mismo. Dudaba gratamente en si podía olvidarlo por lo menos y buscar la manera de recomponerse. Sentía vergüenza personal, demasiada… Pero acaso podía a hacer una cosa diferente? O, mejor dicho, cómo debería estar en estos momentos si lo único que aseguraba activo era la decepción apoderarse de su persona

A pesar de la suave brisa que removió sus mechones castaos, no pudo disfrutar de la sensación ni del ligero sonido que siempre se adentraba en sus oídos sin ninguna molestia. Por lo visto, hoy era la excepción y posiblemente seguiría siéndolo en el futuro. Aunque al menos se dejó llevar por la emoción del actual partido porque eso era lo único que podía observar, lo único que podía agradecer. Un miserable comportamiento. Sin embargo, esta vez no pasaría desapercibida la presencia a su lado.

—Hey, hasta que al fin me haces caso —sin importar lo mal que estuviera, se dignó a sonreír fingiendo estabilidad.

—Lo lamento… —cuando la disculpa sería su único comentario, prefirió alargar— pero hace tiempo que no veo jugar a los nios, sabes? Es nostálgico porque hemos estado muy ocupados y no he tenido la oportunidad de venir —dijo, haciendo su mayor esfuerzo para sonar creíble—. No te sientes igual, Gouenji?

—Un… poco —se limitó a contestar éste mientras dirigía la vista al campo—. De hecho, me retracto. Este lugar sigue haciéndome recordar aquel día.

—Siempre dices eso cuando estás aquí —Endou rio a lo bajo.

Su risa no era la misma, y él se dio cuenta.

—Bueno, es grandioso alabarme solo, a fin de cuentas

—Ahí vas de nuevo…

Su molestia parecía real, y él se percató.

—Y por qué no? Te salvé con un balón —Gouenji lo miró de reojo.

—En serio terminaste con la misma frase —y Endou negó con diversión.

Su diversión era solitaria, apagada, diferente, y él sin duda la sintió.

Decidió quedarse callado y darse el turno de perderse en la mirada vacía de Endou. Todavía no cambiaba este tipo de acciones, sabía a la perfección que incomodaría a la otra persona si se percatara, pero eso era su manera de leer el aura de los demás. Comúnmente se la pasaba observando a todo el mundo, así que no acostumbraba a utilizar palabras para ser directo. Entonces ahí permaneció, sin decir otra palabra más, mientras esperaba que Endou apartara la vista del campo de juego.

Qué había sucedido para que tuviera esa actitud? Fue una pregunta que no le haría saber la respuesta a menos que se atreviera a cuestionarle. Sin embargo, él no era despistado y había percibido la misma aura hace dos días, aunque fuera más escondible que ahora. Mentiría no haberle parecido extrao que se quedara en silencio, pero, de todas formas, Endou no deseaba pedir ayuda y tampoco se sentía cómodo para hablar del tema, lo notó cuando lo obligó de una manera u otra a contestar todos sus comentarios anteriores. Además, quería evitarlo a toda costa y eso fue aún más claro cuando se hizo presente. Y tras ver esto, no dudó en dar un paso hacia adelante con el fin de comprenderlo esta vez de la mejor manera y no quedarse estancado como en la escuela. Quería ayudarlo, indudablemente, mas tenía que sincerar lo difícil que era la situación porque Endou nunca había transmitido esa lejanía entre ellos.

Y a pesar de lo serio y frío que puede llegar a ser con los demás, ver a su mejor amigo con la chispa que siempre lo ha caracterizado apagada, le hacía sentir un molesto nudo en el estómago. Posiblemente de impotencia, pena, enojo o solo de tristeza. Ni él en estas circunstancias sabía responderse a sí mismo.

Apartando la vista de Endou justo cuando él bajó la suya al suelo, dejó escapar un largo suspiro que lo hizo concentrarse en la que podría ser la opción correcta para no empeorar más el comportamiento de Endou.

Solo lo acompaaría, solo eso…

—Muy bien, vamos a jugar —dijo de la nada, girándose en sus talones.

Esta vez Endou reaccionó al instante, enarcando levemente las cejas. No fue la decisión repentina que había tomado Gouenji, sino por el tono elevado que utilizó para recalcar su frase.

—Ju…gar? Ahora? —cuestionó inclusive así.

—Claro. Estoy aburrido, así que lo haremos —aseguró Gouenji al mismo tiempo que se acercaba—. Espera —se detuvo, aparentando incredulidad—, acaso te estás negando a un partido de fútbol?

—Ah? No, bueno, no lo diría de ese modo, pero…

—En ese caso, no perdamos más tiempo y unámonos —Gouenji reanudó su paso.

Su voz no formulaba nada con correspondencia, y creía que jugar solo causaría problemas por el estado en el que se encontraba. Aunque de verdad continuaría llorando y lamentándose por el resto de la tarde?

—Un momento, Gouenji —pidió Endou algo decaído, inseguro de transigir.

—No aceptaré un no como respuesta y más cuando tú eres el primero en dar la idea —mencionó Gouenji mientras le tendía la mano.

Una oportunidad para por fin despejarse y pensar en algo más?

Endou observó por unos largos segundos la palma de la mano de su mejor amigo, inconforme con su debate mental.

Desde cuándo había perdido la iniciativa? Dejaría pasar este momento al igual que aquella vez?

—Vamos, sin ti no será un reto, y los nios preferirán divertirse contigo.

Aún sin estar seguro de lo que hacía, se levantó de la banca al haber tomado una decisión. Por unos instantes se tambaleó, pero eso sirvió como una sacudida para reaccionar debidamente. Ahora, mientras miraba a su paso la cancha de fútbol hasta llegar al rostro de Gouenji, apreció la expresión que éste tenía la cual no evitó ocultar. Brevemente sintió un cosquilleo recorrerlo, dejándolo mudo, pues no supo cómo interpretarla.

—Eso esperaba, Endou.

Y viéndose a sí mismo desconcertado, se adentró por fin al campo junto a él mientras el equipo Inazuma Kids FC alardeaba con sus presencias. Sin embargo, así como no tenía respuesta a esa duda que se creó, tampoco la tenía para la sinceridad que Gouenji le brindó.

Aquella sonrisa nueva, que lo dejó perplejo tanto exterior como dentro de su interior.

—Eso fue falta! —exclamó Mako a la lejanía.

—Qué-qué? Pero por qué? —contestó Ryusuke un tanto mosqueado por detener su próxima jugada.

La conexión entre los pequeos rápidamente se volvió tensa mientras los demás observaban en silencio. A simple vista se notaba quiénes eran los capitanes.

—Dejaste el pie arriba, Ryusuke, incluso él sigue sobándose el talón —explicó ella tras ayudar a levantar al afectado

—Mientes. Primero toqué el balón y por culpa de él, quien no quitó el pie, lo golpeé —se defendió el nio, haciendo caso omiso a las expresiones molestas de su rival.

—Tú…

—Yo qué? —enarcó una ceja, desafiándola.

—Tú eres el mentiroso! —gritó Mako, lo que al instante provocó sobresaltar a los demás, incluso a Ryusuke— Mentiroso! Mentiroso! Eres un cobarde mentiroso! —e inmediatamente, luego de exponerlo, se abalanzó contra él.

—Tranquilos, tranquilos, podemos arreglarlo si lo hablamos con más calma —se entrometió Gouenji, agarrando a Mako.

Después se podía notar cómo la pequea forcejeaba una y otra vez mientras Ryusuke, escondido atrás de uno de sus compaeros, se defendía diciendo que la mentirosa era ella. El público en general seguía mirando en silencio, mas ahora sintiendo vergüenza por lo que sus líderes generaron.

Al estar acostumbrado a tanto alboroto por las discusiones que ha tenido su equipo contra otras secundarias, Endou se mantenía excluido de la escena para no agravarla, pero sin dejar de estar atento por si las cosas se salían de control.

Coincidía por una parte con las reacciones que tomaron los dos capitanes, al fin y al cabo, siempre uno trata de buscar lo mejor para su equipo. Pensaba además en las ganas que tenían los pequeos por ganar la discusión a pesar de que los argumentos de ambos se habían acabado segundos después. Era bueno que mostraran esa actitud incluso en un partido de práctica, pero por otra parte no lo aceptaba pues aún no tenían la madurez necesaria para llegar a un acuerdo y desaparecer entonces el problema sin llegar a crear más conflictos de por medio.

Bajando la mirada tras ver que el ambiente seguiría igual por un largo tiempo, se permitió descansar sentándose al mismo tiempo que se distraía en lo sucedido unos cuantos minutos atrás.

Tuvo un mal día? Qué había sido eso? Acaso tampoco se encontraba bien Gouenji? De lo que lleva siendo su amigo, jamás hubo el día en que viera ese gesto tan inusual. Diría incluso que era la primera vez que se le daba la oportunidad de ser testigo. Sin embargo, no recordaba que ocurriera algo para que estuviera así, o tal vez sí pasó, pero él no tenía las intenciones de contarle. Si este fuera el caso, no podía imaginarse algo al respecto porque Gouenji casi siempre evitaba hablar de los problemas graves que pudiera tener, a excepción de hablar sobre la salud que tenía su hermana pequea. Después de eso, tan solo era escuchante de sus inconformidades con las personas que tiraban basura o abusaban de su estatus y, aunque fuera muy pocas veces, del equipo. En resumen, prefería guardarse las cosas para él antes de entrometer a alguien más.

Pero ahí, en medio de ahí, debía aceptar que pese a ser su mejor amigo, eran escasas las veces que le ha contado cosas importantes de su vida personal, a diferencia de él. Era muy abierto, a fin de cuentas, o hasta que el miedo hizo un desorden, daando su relación con Aki… Desde ese momento, ninguno de los dos se ha buscado ni hablado, pero incluso así, admitía sentirse acostumbrado ya que Gouenji tendía a ignorar sus mensajes

Sin embargo, por qué? Por qué habría de sonreír de esa forma?

No sabía cuántas veces llevaba mirando el suelo, mas otra vez separó su vista de éste y agradeció que la tensión en los dos capitanes se haya tranquilizado. Una vez esto, existiendo una necesidad porque seguía preocupado, analizó el rostro de Gouenji en medio del partido que se había reanudado con la entrega del balón al equipo contrario. Pero no halló nada. En él solo yacía la diversión al igual que en los pequeos

De verdad que no lo entendía.

—Aquí, Gouenji, aquí!

Tratando de concentrarse dándose suaves golpes en el rostro, prestó atención a la jugada que el equipo de Mako comenzó a elaborar tras el pase abierto de Gouenji.

—Oigan, no la dejen ir!

Por qué…?

—Mako, regrésala!

Y cuando la trayectoria en diagonal del balón dejaba absortas las miradas de los jugadores, desde el suelo, como si se tratara de un polvo, Gouenji se desvaneció para verse danzando al lado del esférico ante una mirada que le pedía perdón.

—Tornado de fuego!

—Mano demoniaca!

Solo eran ellos, quienes demostraron su inesperada energía en las técnicas.

Solo él, quien acercándose agradecía.

—No me conformo con haber perdido el duelo, pero sí verte con esa cara.

Solo ellos, quienes buscaron entenderse a pesar del tiempo juntos.

Solo él, quien había vuelto, con sinceridad, a sonreír un poco.

—Pues queda tiempo, así que puedes seguir intentando

—Calma, que esta vez te sorprenderé.

Solo ellos, al final…

La tarde no había tardado en caer y el cielo tornado de naranja se reflejaba por toda la ciudad de Inazuma Town. Al mismo tiempo que este fenómeno natural, la gente continuaba centrada en sus deberes mientras que otras se tomaban el plazo de apreciar el color que el cielo tomó, parecido a la estación de otoo que muchos ansiaban su llegada.

Por algunas de las calles repletas de tiendas y restaurantes de comida, yacían Endou y Gouenji comiendo unos sándwiches en una banca después del partido que concluyó con un empate. Ambos disgustaban del alimento sin desesperarse por los sabores que muchas veces ocasionaban terminar cuanto antes la saciedad del hambre. Era algo común en ellos, bueno, en todo el equipo Raimon, pero de cierta manera aprendieron de los regaos de las gerentes. Aun así, había uno que siempre se salía con la suya y que no perdía el tiempo de pedir más.

Sin embargo, en estas circunstancias, sería una mentira afirmar que estaba actuando igual porque todavía sentía esa debilidad en su corazón.

Endou, mientras terminaba de dar su último bocado, se dio cuenta de las palabras que faltaban en el ambiente. Ninguno se había dignado a hablar al respecto, y es que no sabía quién debería de dar el primer paso. Eso solo desviaba su confianza para sacar la verdad sobre su actitud.

Tirando la envoltura al bote de basura, pudo ver cómo Gouenji daba un largo suspiro y fue entonces que comenzó a sentirse nervioso. Las posibilidades de que le gritara por haberse dado cuenta que su relación con Aki ya no seguía el mismo rumbo como hace 3 meses lo hacían sudar. Pero si esto fuera afirmativo, entendería su molestia pues eligió perderse en un abismo lleno de inseguridades antes que pedir opiniones.

Y es que se olvidó del hecho de ser convincente con él. Llegó hasta ese punto donde lo único que le quedaba era arrepentirse de sus acciones para terminar aumentando la escala de persona egoísta. Había pisoteado los sentimientos de Aki que ya no le sorprendería si Gouenji incluso lo golpeara. Siquiera de esta manera, podía jurar que también se hizo mucho dao, por lo que el dao físico ya no sería tan problemático, sino que el emocional seguiría encargándose de sus errores sin preocuparse por pedir una segunda mano.

Vaya… ni siquiera podía tomar una decisión correcta, y cómo la tomaría si no tomaba la iniciativa para preguntarle a Gouenji acerca de su sonrisa, ni de la extraa presión que le provocaba la mudez expresada en estos instantes? Cerca del final del partido, empezó a sentirse lo suficientemente despejado, de vuelta a ser disfrute de su pasatiempo favorito, pero dónde estaba? Dónde había quedado? Acaso pensó que era así de fácil?

Entonces hago dentro de él hizo clic, al mismo tiempo que recordaba hasta en un punto la monótona platica entre los ancianos la cual conectó con las palabras de su madre. Y después de a hacerlo, comprendió el caos que no solo se causaba a sí mismo.

Ya que la culpa de a hacerlo sufrir también empezó a acecharlo, al igual que con sus padres, al igual que con Aki…

—Lo siento… —algo típico, pero no sabía cómo soltarse.

Gouenji por su parte, ni siquiera volteó a verlo. Solo se mantuvo callado.

—Sinceramente no sé qué piensas en estos momentos. He estado muy desconectado del exterior como para preguntármelo bien, sabes? Pero después de todo, no puedo ignorar que estoy haciendo las cosas mal —mientras decía, volvió a aumentar el número de las veces que su mirada se encontraba con el suelo durante el día—, y sé que, si sigo de esta manera, perderé fuerzas y razones para seguir adelante.

Ahí estaba él, sintiendo poco a poco la necesidad de soltar todo con otra persona, con su mejor amigo… con alguien que lo consideraba su hermano. Inclusive así, también sentía la necesidad de parar porque era más fuerte la angustia que pedir perdón.

—Es la primera vez que me pasa, el peso es demasiado grande para mí. Desconozco cómo actuar a pesar de haberlo platicado con mi madre —continuó—. Mi comportamiento no ha sido el mejor desde aquel día, estoy seguro que lo sabes. Mas cada vez que pienso en eso, siento que retrocedo, cada vez que los recuerdos guardados se acercan, la tristeza me atrapa, cada vez que… —sin fijarse tanto en la presión que ejercía en su labio inferior, Endou trataba de controlar las emociones negativas que deseaban emerger —Todo… —exhalando, volvió a hablar— …es complicado para mí —confesó—. Quiero volver a la normalidad…

Pero Gouenji permaneció igual, fijo en el resplandeciente color que el cielo les regalaba.

—Se siente que ha pasado tanto, mas no es así

Escucharlo era asfixiante, mas tenía que soportarlo. Tenía que a hacerlo para ayudarlo.

—Es como si el tiempo se volviera lento justo cuando tus días son de lo peor para a hacerte rememorar tus errores.

Una música empezó a sonar y, sin embargo, jamás logró persuadir esa tranquilidad que muchas veces encontraba en la melodía.

—No obstante, no solo estoy siendo yo, sino también ustedes quienes se ven involucrados.

Ahora lo único que escuchaba era la respiración acelerada de Endou.

—Mi padre, mi madre, tú… Estoy haciéndolos a un lado por mi inmadurez! —sinceró con fuerza Endou, apretando las manos— Daé a la persona que creí iba a ser parte de toda mi vida, pero cuando menos lo esperé, en estos momentos también estoy afectando sus vidas por mi culpa… —terminó susurrando, apagado— Te oculté algo creyendo que hacía las cosas bien, aunque al final me equivoqué. Me vi necesitando otra vez tu apoyo como siempre. Soy tan egoísta que nunca entrego nada a cambio —y a pesar de todo, prosiguió—. Tan egoísta que solo pensó en su decisión antes que la de los dos.

Y fue entonces que se cansó.

—Yo… Yo ya no puedo continuar. Aún no puedo volver a hacerlo —Endou se agarró la cabeza con sus manos—. Lo lamento, Gouenji, lo lamento. Lamento mi actitud, lamento entrometerte, lamento no entenderte por más apoyo que me dieras… lamento haber apartado a Aki de mi lado. Lo lamento, en serio lo lamento…

Muy pocas veces se le veía perdido ante el camino blanco donde se desesperaba por encontrar una salida, pero desde que todo esto comenzó, siendo él la fuente de la desgracia, había eliminado la ruta indicada en la cual permanecía a su lado, convirtiéndose en alguien más que vivía en el pasado.

Aquella comodidad no estaba, aquella felicidad se había disuelto al compás del futuro que tanto anhelaba cada día, e incluso con esa pena, todavía esparcía su dolor hacia las personas más importantes que la vida le entregó. Tan largo era ese camino del cual no podía salir, tan largo… Tan largo que no se dio cuenta cómo desterraba la sonrisa que su rostro expresó por segunda ocasión.

Sus padres sentían pena por su culpa, ellos deseaban que no retrocediera, e incluso con las palabras de su madre, lo hacía. Qué inutilidad aportaba. Y ahora, cuando ni siquiera lo pensó, Gouenji también se vio perjudicado.

Lentamente dejó caer sus brazos a los costados. De verdad que sufría. Se rendía antes de buscar la respuesta. Eliminaba cualquier sentimiento positivo para convertirlo en su tristeza. Hacía llenar una y otra vez su mente de los pobres recuerdos que mantenía con ella, y sin importar la lejanía, deseaba saber qué ocurría con Aki en estos instantes. Centrarse en él no tenía que ser una prioridad ya que la persona más afectada fue otra, no él…

La persona que le brindó todo fue otra, no él… La persona que merecía ser feliz era otra, no él… La persona que tenía que buscar otra razón para continuar era ella, no él… jamás debió de haber sido él.

Porque a pesar de lo roto que estaba, la felicidad de Aki era más importante, y es que, si ella gozara de ese sentimiento que ya no pudo darle, sería igual de feliz.

En su memoria se obligó a recordar la sonrisa que lo enamoró… para no ver más que la oscuridad.

Sería feliz, verdad…?

Y encontrando la nada frente a él, pudo sentir el gran dolor de la realidad que viviría por mucho tiempo. No obstante, por lo menos, quiso embriagarse de ese recuerdo antes de explotar.

Por qué la sonrisa de Aki era tan hermosa?

Entonces, desconcertado por el largo silencio en el que Gouenji se mantuvo, gritó:

—Por qué?! Por qué no dices nada?! —pronunció Endou con un ligero tono molesto, pero sin atrever a mirarlo— Crees que fue fácil para mí intentar explicarme?! —y, nuevamente, fue ignorado— Estás acaso haciéndote el tonto?! —y harto de la actitud de su mejor amigo, levantó la cabeza para enfrentarlo— En serio qué es lo que te… —pero se detuvo al sentir como sus palabras se atascaban en su garganta.

No comprendía lo que seguía siendo una novedad para sus ojos. La expresión de Gouenji no la comprendía, o simplemente no le daba el tiempo de a hacerlo porque volvía a estar perplejo como hacia pocas horas.

—Terminaste de menospreciarte

Pudo sentir la claridad de esas palabras a pesar de todo, y acompaadas de su sonrisa, solo pudo a hacer una cara cargada de cansancio, desconfianza y sobre todo de dolor.

—Fue suficiente, Endou, no hay necesidad de que sigas ahuyentándote —escuchó—. Y cuando te sientas listo para sacar todo lo que aún tienes ahí, hazlo, pero no te atrevas a seguir lastimándote tanto.

—Entonces qué fue… Entonces por qué me miras así? Qué te hace sonreír de esa manera? —preguntó, aguantando las repentinas ganas de llorar.

—Lo hago porque me importas y no soporto verte ser otra persona.

Gouenji miró de vuelta el cielo con atención, eligiendo cuidadosamente las palabras que estaba por decir.

—Estoy un poco aislado si te soy sincero. Lo que me has contado me dejó sorprendido, algo lejos de saber claramente lo que pasó entre Aki y tú. Sin embargo, no puedo a hacer a un lado el hecho de que te dejaste vencer tan fácil —mencionó, ciertamente decepcionado y esto Endou pudo persuadirlo; desvió la mirada por lo mismo— Muchas veces, nosotros los jóvenes, tendemos a actuar como nuestra mente quiere, dejando abandonada la parte que nos hace disfrutar de infinidades de cosas, básicamente con lo que en realidad debemos de pensar —dijo—. Eso es el corazón, Endou. La mente funciona cuando desea, y a pesar de su genialidad, es más débil en caer en las provocaciones de los sentimientos negativos. Crea un cuarto donde no podemos salir, donde nuestro corazón intenta abrir esa cerradura con ayuda de nosotros. Pero si la maldad que aviva dentro de nuestra mente es más grande que todo, la puerta se hará más pequea hasta el punto de verla desaparecer y dejarnos solos, en compaía de las estupideces que hicimos por no saber actuar más con el corazón. Al final es éste quien sufre las consecuencias —no sabía de dónde sacaba tanta palabrería, mas había algo en él que lo obligaba a sincerar como sea desde su perspectiva.

Tal vez los irritantes pero importantes problemas personales con su padre, la extraa, competente y luego inaudible relación que mantenía con ella cada día o desgarradoramente el accidente que tuvo su hermana, accidente que, aun siendo un recuerdo del pasado, todavía le seguía causando preocupaciones por temer a que sucediera de nuevo. La verdad que no lo sabía, pero quería intentar darle un empujón a Endou con lo que ha escuchado, leído y aprendido de la vida. Claro, a su manera.

Despegando sus pupilas rojas del cielo lleno de nubes, dejó irse hacia adelante, optando por una postura casi sentada. Posicionó sus codos cerca de sus rodillas después.

—Lo que te pasó fue una parte, al fin y al cabo, porque hay varios factores que también te afectaron para destruir lo que más querías —decirlo se sintió culpable, y es que seguramente sería otro golpe para Endou, haciéndolo creer que lo recriminaba.

Y advirtió al instante como Endou intentó articular una defensa al respecto, mas no lo logró.

—Duele, verdad? Creer que lo has perdido todo por la inmadurez que le faltó a tu estado mental y el amor propio que no tuviste para tan siquiera protegerte a ti mismo de la decisión que la otra persona tomaría —dijo, mas a pesar del duro efecto que sus palabras causaban, todavía no era suficiente—. Nos falta avanzar por sí solos cuando arruinamos algo. Es más importante volver a confiar en nosotros, en regresarnos esa felicidad o cualquier emoción y sentimiento que perdemos en algún punto del camino, y sin siquiera pedirlo, obtendremos ese regalo que deseamos dejar ir por creer que ya no estamos listos para cuidarlo —fue aquí que Endou lo miró con sutileza, dándose cuenta del brillo que lo adornaba, pero sin saber exactamente qué significaba.

Estaba absorto.

—Es demasiado, lo sé —pudo sentir, a pesar de haber llegado tan lejos, cierta inseguridad en la voz de Gouenji.

—(…) —con mucha información que tenía que atesorar costaba lo que costaba, suspiró— Cla-claro que no —se limitó a contestar, algo tonto, creyendo que cambiaría la perspectiva de Gouenji, mas no fue así.

Lamentablemente, por más sorprendido que se encontrara, detrás de su comentario aguardaba una parte de él que no creía en sus palabras, que creía era una idealización absurda, y eso lo puso mal.

Sin embargo…

—Crees que miento por la falta de experiencia, no es así? —eso fue un golpe— Que por mi edad no puedo saber tanto al no vivir lo suficiente, ni que tampoco he pasado por algo similar, cierto? —y otro golpe más.

…como dijo él…

—Me lo imaginaba.

…no confiaba plenamente en su mentalidad.

El tiempo poco a poco daba fin al atardecer que transmitía un suave calor a la ciudad de Inazuma Town. No obstante, para dos chicos que intentaban resolver las manchas de sus vidas personales, esta sensación era puesta en un segundo plano porque no había otra cosa que les interesara más que el otro.

Endou, lamentado por darse la idea de arruinar el apoyo que Gouenji le trataba de dar, únicamente pudo resignarse a lo inútil que era mientras ansiaba, ahora, salir corriendo de ahí. Qué cobarde. Cómo debería responder a eso si era verdad? Negar otra vez y caer más en las mentiras que él mismo no podía cambiar? De qué iban a servir las palabras de su madre si no lograba entender las palabras de su mejor amigo? Qué estúpido era…

Y pensó entonces si algún día podrá superar esta distancia que ella impuso, si fingiría estar bien, ser el mismo cuando la tuviera que ver en la escuela, si buscaría respuestas para intentar confrontar el nuevo camino que seguía sin recorrer, si podría hallar una puerta imaginaria y de ese modo salir del abismo que lo tenía encerrado o, dolorosamente, aceptar que lo ha perdido todo para atrapar la nueva felicidad en el camino e iniciar desde cero.

Todas las opciones estaban disueltas, no entendía qué hacer al respecto. No ponía el esfuerzo de tomar la iniciativa ni con la ayuda que está recibiendo, de decir que por lo menos lo intentará. Qué le impedía a hacerlo? Aquel miedo con sus falsas esperanzas? No estar seguro de que lo logrará?

De repente sintió como la mano de Gouenji se posaba en uno de sus hombros con suavidad. Lo miró, matándose internamente por lo inmaduro que era. Y él, nuevamente, a pesar de la desconfianza que le mostró, volvió a sonreírle de esa forma tan conmovedora.

Entonces, aturdido por la desesperación y la angustia de querer mejorar cuanto antes, así como de la calidez que sentía al tener a personas que sin importar el deterioro que le causaba a su apoyo, no lo abandonaban, dejó bajar silenciosamente ese dolor por sus ojos otra vez.

—No tienes que mejorar ahora, ni maana, ni pasado maana, hazlo a tu paso, Endou. Vuelve a confiar más a ti y encuentra esa razón para continuar.

Dolía, de verdad que aún dolía.

—Verás que la experiencia te servirá.

Quería, de verdad que la quería tanto.

—No obstante, primero sé aquel chico que no se rendía ante nada, ese que a pesar de las circunstancias sonreía para todos.

Deseaba, de verdad que la deseaba volver a ver.

—Y no espero que mis palabras te hagan ver la realidad, pero sí que recuerdes mi presencia cuando te sientas acabado. No como tu madre o tu padre, sino como tu mejor amigo.

Pero sobre todo anhelaba, de verdad que anhelaba su persona, su felicidad.

—Porque yo no seré el que te diga que busques otra vida para olvidarla, sino el que te dirá que no renuncies sin antes intentarlo y el que volverá a estar aquí, contigo, si no puedes arreglarlo.

Jamás pensó que aquella plática del restaurante tuviera también una relación en el amor. Era un tema que seguía sin entender como lo demás y el cual subestimó, pero si esa palabra puede a hacer un cambio, valdría la pena desarrollarla.

—Después de todo…

Después de todo…

—…perder algo siempre traería consigo algo, no importa qué.

…creces cuando sacrificas algo a cambio.

—Vamos, Endou.

"El amor no es repetición. Cada acto de amor es un ciclo en sí mismo, una órbita cerrada en su propio ritual. Es, cómo podría explicarte, un puo de vida"

—Mario Benedetti

Fin del capítulo.

Muchas gracias por leer, comentar y sobre todo votar.

Nos leemos después!